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Vecinos reclaman que el nuevo sistema de estacionamiento medido en Santa Fe no frena el caos en los barrios
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Llegar todas las tardes a Candioti Norte y pasar largos minutos dando vueltas sin encontrar un solo lugar para estacionar se convirtió en un problema recurrente para cientos de santafesinos. La implementación y ampliación del nuevo sistema de estacionamiento medido en Santa Fe (SEOM) genera una de las críticas más comunes y escuchadas en la calle: el sistema cobra de manera efectiva, pero no termina de ordenar del todo el espacio público.
La situación actual en Candioti Norte es compleja, ya que el barrio forma parte de los sectores donde el SEOM se amplió o se encuentra bajo un proceso de mayor control, en sintonía con lo que ocurre en Candioti Sur. En estas calles es habitual ver la demarcación de dársenas y una fuerte presencia de inspectores municipales junto a las grúas de remolque, especialmente en el horario pico de la tarde, de 16 a 20 hs, que es cuando rige la tarifa medida.
En teoría, el esquema busca incentivar la rotación vehicular a través de un cobro progresivo, una estrategia pensada para que nadie ocupe un lugar durante todo el día. Sin embargo, en un barrio con una identidad tan mixta como este —donde conviven familias residentes, trabajadores de oficina y un polo comercial y gastronómico en constante expansión con bares y restaurantes— la oferta de lugares físicos simplemente no alcanza para cubrir la demanda.
El desborde genera conductas que ponen en riesgo la seguridad vial de todos. La doble fila y el mal estacionamiento siguen siendo postales comunes de cada tarde debido a dos factores estructurales: la falta de cocheras privadas suficientes y la ausencia de una planificación seria para el estacionamiento fuera de la vía pública, como playas de estacionamiento comerciales y cocheras.
El accionar de las grúas e inspectores se hace sentir con fuerza en los sectores donde el SEOM está explícitamente señalizado. No obstante, esto genera un "efecto contagio" negativo: el desorden no desaparece, sino que se traslada hacia las calles aledañas donde no hay pintura en el cordón, saturando los frentes de las viviendas del sector residencial.
Al indagar en las quejas generales de los usuarios y afectados de la zona, saltan a la vista tres motivos principales por los cuales el conflicto persiste de manera cotidiana:
Déficit edilicio y comercial: Existe una marcada falta de cocheras en los edificios de departamentos más nuevos y en los locales comerciales del área.
Permanencia prolongada: Mucha gente que llega al barrio para trabajar o para disfrutar de la oferta gastronómica se queda estacionada durante varias horas, absorbiendo el espacio disponible.
Falta de soluciones complementarias: El SEOM cobra tarifas que impactan en el bolsillo, pero el ordenamiento prometido tarda en llegar si no se acompaña con una fiscalización constante en todo el perímetro o con infraestructura nueva, como más dársenas o incentivos para estacionamientos subterráneos.
Como observación personal de quien recorre estas calles a diario, el panorama de la tarde evidencia que el problema excede por mucho a la tecnología de una aplicación móvil. Podés tener el sistema de pago más moderno del país, pero si la cantidad de autos supera ampliamente los metros de asfalto disponibles, el colapso es inevitable. Regular la demanda mediante el bolsillo del conductor es una solución parcial que, sin obras complementarias ni alternativas reales de transporte, termina transformando a barrios enteros como Candioti Norte en un embudo inmanejable. ¿Qué medidas creés que harían falta para solucionar el problema del estacionamiento sin perjudicar a los vecinos y trabajadores del barrio?
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