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En los últimos días se conoció un proyecto para permitir el estacionamiento en ambas manos en más de 250 cuadras del macrocentro de Santa Fe. La iniciativa, según sus impulsores, busca aliviar la falta de espacios y facilitar la vida a los conductores. Sin embargo, desde el punto de vista de la gestión vial moderna, la medida es un retroceso: amplía el problema que dice querer resolver.
Más Lugares, Más Autos
El razonamiento parece lógico: si hay pocos lugares, agreguemos más. Pero en movilidad urbana ese razonamiento es falaz. Cada nuevo espacio de estacionamiento atrae nuevos vehículos. Es lo que los urbanistas llaman demanda inducida: cuanto más fácil se hace llegar en auto, más gente decide hacerlo. Y al poco tiempo, el sistema vuelve a saturarse, solo que, con más autos, más ruido, más humo, más suciedad y menos espacio para todos.
Santa Fe ya padece un centro congestionado, con veredas estrechas, transporte público con baja velocidad comercial y una creciente competencia entre autos, motos, bicis y peatones. En ese contexto, permitir estacionar en ambas manos equivale a invitar a más autos a un lugar que ya está lleno. Es como combatir el sobrepeso comprando ropa más grande.
Una Medida Contra la Propia Ciudad
Las calles del macrocentro no fueron diseñadas para tener autos a ambos lados. Reducir la calzada disponible para la circulación disminuye la fluidez y multiplica los puntos de conflicto: puertas que se abren, maniobras de estacionamiento, peatones que deben cruzar entre autos estacionados, visibilidad reducida, etc. Todo esto se traduce en más riesgo y más siniestros leves, que al final de cuentas también son costo público.
Además, las calles cumplen funciones múltiples: circulación, carga y descarga, servicios, emergencias, transporte público. Convertirlas en depósitos de autos “quietos” es negarles su función dinámica. Cada metro de calle ocupado por un auto estacionado es un metro menos para el colectivo, la bicicleta o el peatón.
Las Ciudades que Aprendieron
En el mundo, las urbes que avanzan hacia una movilidad sustentable —Barcelona, París, Copenhague, incluso Rosario— han entendido que el espacio vial es finito y debe priorizarse según su eficiencia social. Las políticas modernas no agregan estacionamiento: lo limitan, lo tarifan, lo trasladan a playas perimetrales, y fomentan que el centro sea accesible pero no colonizado por el automóvil.
Lo que Santa Fe Realmente Necesita
Santa Fe necesita menos autos buscando lugar y más políticas que promuevan moverse de otra forma. Necesita un transporte público que funcione, corredores seguros para bicicletas, veredas transitables y playas disuasorias en los bordes del área central. Si el Estado municipal cede ante la presión de los autos, seguirá atrapado en un modelo urbano del siglo XX: más asfalto, más ruido, más congestión.
En Definitiva
Permitir estacionar en ambas manos puede sonar práctico, pero es una solución aparente a un problema mal planteado. No hay ciudad más ordenada porque tenga más lugar para estacionar, sino porque tiene menos necesidad de hacerlo.
Las ciudades inteligentes no miden su éxito por cuántos autos caben, sino por cuánta vida ocurre fuera de ellos.
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