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La discusión sobre la
movilidad en la ciudad de Santa Fe ya no gira solo en torno a la modernización
o la convivencia entre sistemas. Hoy, se advierte que la capital provincial se
encuentra frente a un proceso acelerado de desregulación de hecho del
transporte público de pasajeros, impulsado por la combinación de tres factores:
la expansión sin freno de plataformas como Uber, un Estado municipal que ya no
logra fiscalizar ni ordenar el sistema, y un gobierno nacional que promueve una
liberalización generalizada del sector.
La ordenanza que quiso regular y terminó
habilitando la desregulación
En diciembre de 2024, el
Concejo Municipal aprobó una ordenanza destinada a regular el funcionamiento de
las apps de transporte —como Uber, Cabify o Maxim— introduciendo requisitos
mínimos para operar, un registro de conductores y un esquema básico de control.
Sin embargo, tal como
señalaron concejales y choferes consultados por varios medios de comunicación,
la norma nunca llegó a aplicarse efectivamente. No hubo fiscalización,
no hubo decomisos, no hubo inhibiciones tecnológicas: la app continuó
funcionando de hecho como lo venía haciendo.
En paralelo, se reflejó el
malestar de taxistas y remiseros, quienes denuncian que mientras a ellos se les
exigía un universo de requisitos —carnet profesional, RTO específica, seguros
especiales, revisiones, trámites burocráticos y costos crecientes— las
plataformas digitales operaban sin cumplir nada.
El resultado fue evidente: Uber
ganó presencia, consolidó mercado y se movió sin restricciones, mientras el
transporte público regulado enfrentaba una tormenta perfecta.
Un Estado municipal debilitado y un servicio
público al borde
Hoy, el transporte público de Santa Fe
muestra signos críticos:
- Recortes
de frecuencia y recorridos.
- Reducción
de flota por falta de repuestos y por costos operativos crecientes.
- Empresas
que advierten que el sistema es “inviable” sin subsidios.
- Usuarios
que esperan entre 30 y 45 minutos un colectivo.
- Falta
de controles sobre taxis y remises que cumplen cada vez menos requisitos
formales.
En ese contexto, Uber y
otras plataformas ocuparon silenciosamente los espacios que dejó el sistema
tradicional. Ya no solo cubren horarios nocturnos o zonas periféricas: han
tomado parte de la demanda central, especialmente en horas pico y en
corredores donde el transporte público dejó de responder.
Este es el síntoma más claro
de una desregulación por abandono: cuando el Estado pierde capacidad de
sostener su propio servicio, el mercado encuentra los huecos.
La expansión de Uber: ¿modernización o
victoria política?
En la ciudad de Santa Fe,
Uber logró algo que ninguna empresa del transporte local pudo: combinar un
fuerte respaldo social con una presencia operativa estable, aun sin un marco
legal robusto.
Su victoria se expresa en tres planos:
1. Cultural:
Instaló la idea de que viajar debe ser
simple, rápido y sin burocracia.
Frente a esto, los sistemas tradicionales se perciben viejos, lentos y poco
confiables.
2. Operativo:
Funciona sin autorización plena, sin concesión
y sin control real.
La ordenanza que debía frenarla terminó normalizando su presencia.
3. Político:
Uber se impuso pese a la resistencia inicial.
La ciudad intentó regularla y no pudo.
Esa incapacidad regulatoria legitima —por
omisión— la expansión de la plataforma.
Un modelo público en crisis estructural
La caída del transporte
público santafesino no es un fenómeno aislado.
Obedece a un modelo que hoy está en tensión:
- Tarifas
crecientes que no reflejan mejoras de servicio.
- Subsidio
dependencia en retracción por decisión nacional.
- Normas
estrictas que solo cumplían taxis y remises,
mientras las apps se mueven por fuera.
- Choferes
formales que pierden competitividad ante
conductores de plataformas que ingresan sin barreras.
- Pasajeros
que migran a servicios no regulados ante el deterioro
del servicio público tradicional.
La consecuencia es un círculo vicioso: menos
usuarios → menos ingresos → menos frecuencias → más migración → más crisis.
El riesgo: un sistema fragmentado y desigual
Así las cosas, Santa Fe
podría dirigirse hacia un sistema de movilidad segmentado y regresivo:
- Usuarios
de ingresos medios y altos eligen apps.
- Sectores
populares quedan cautivos del transporte público, que se vuelve más lento
y caro. O eligen otras formas de movilidad.
- Surgen
servicios informales (combis, motos, tránsitos clandestinos).
- El
Estado pierde control del sistema general de movilidad, de la seguridad
vial y del ordenamiento urbano.
En este escenario, cada ciudadano viaja “como
puede”, no “como debe”.
Aunque el discurso público
suele ubicar al gobierno nacional como el motor central de la desregulación, lo
cierto es que en algunos sectores políticos de la argentina la realidad avanzó
más rápido que la ideología. en materia de transporte urbano, varias administraciones
locales terminaron —por acción u omisión— siendo más desreguladoras que el
propio Milei: habilitaron por la vía de los hechos a las plataformas (o miraron
para otro lado), dejaron caer los sistemas tradicionales, retiraron controles y
permitieron que el mercado impusiera sus reglas sin planificación ni resguardo
social. la consecuencia es paradójica: mientras el gobierno promueve una
desregulación explícita, numerosos municipios ya habían ejecutado una
desregulación silenciosa y mucho más profunda, empujados por la incapacidad de
sostener sus propios servicios públicos.
Conclusión: una disputa que define el futuro
de la ciudad
El avance de Uber en Santa
Fe no es solamente una tendencia tecnológica: es el síntoma de la pérdida de
gobernanza del Estado sobre la movilidad urbana.
Para algunos vecinos, Uber representa
modernidad y libertad de elección.
Para otros, es la evidencia de que el transporte público se está desmoronando
ante la pasividad estatal.
Lo que está claro es que el
futuro del transporte en Santa Fe no se definirá en aplicaciones ni en
oficinas: se definirá en la capacidad del Estado para recuperar el control,
garantizar equidad y proteger el carácter público del sistema de movilidad.
Un nuevo capítulo: Uber Shuttle anuncia su
desembarco en la Argentina
Como si el escenario no
fuera ya lo suficientemente desafiante, en los últimos días surgió un dato que
encendió nuevas alarmas: Uber anunció la llegada de Uber Shuttle, su
sistema de transporte por rutas fijas y unidades de mayor capacidad —una
especie de “colectivo por aplicación”— que ya opera en otros países.
Aunque la compañía aún no
confirmó fechas ni ciudades, especialistas señalan que su eventual desembarco
en el país podría profundizar la presión sobre los sistemas de colectivos
urbanos, especialmente en ciudades donde el transporte público atraviesa una
crisis estructural, como en Santa Fe.
La discusión deja de ser
hipotética: la disputa por el futuro de la movilidad ya está en marcha. Y Santa
Fe deberá decidir si observa desde la tribuna… o si vuelve a tomar el control
de su propio sistema.
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