Santa Fe hacia la desregulación: UBER se consolida mientras el transporte público pierde terreno

 


Por Marcelo Duquez 

La discusión sobre la movilidad en la ciudad de Santa Fe ya no gira solo en torno a la modernización o la convivencia entre sistemas. Hoy, se advierte que la capital provincial se encuentra frente a un proceso acelerado de desregulación de hecho del transporte público de pasajeros, impulsado por la combinación de tres factores: la expansión sin freno de plataformas como Uber, un Estado municipal que ya no logra fiscalizar ni ordenar el sistema, y un gobierno nacional que promueve una liberalización generalizada del sector.

La ordenanza que quiso regular y terminó habilitando la desregulación

En diciembre de 2024, el Concejo Municipal aprobó una ordenanza destinada a regular el funcionamiento de las apps de transporte —como Uber, Cabify o Maxim— introduciendo requisitos mínimos para operar, un registro de conductores y un esquema básico de control.

Sin embargo, tal como señalaron concejales y choferes consultados por varios medios de comunicación, la norma nunca llegó a aplicarse efectivamente. No hubo fiscalización, no hubo decomisos, no hubo inhibiciones tecnológicas: la app continuó funcionando de hecho como lo venía haciendo.

En paralelo, se reflejó el malestar de taxistas y remiseros, quienes denuncian que mientras a ellos se les exigía un universo de requisitos —carnet profesional, RTO específica, seguros especiales, revisiones, trámites burocráticos y costos crecientes— las plataformas digitales operaban sin cumplir nada.

El resultado fue evidente: Uber ganó presencia, consolidó mercado y se movió sin restricciones, mientras el transporte público regulado enfrentaba una tormenta perfecta.

 

Un Estado municipal debilitado y un servicio público al borde

Hoy, el transporte público de Santa Fe muestra signos críticos:

  • Recortes de frecuencia y recorridos.
  • Reducción de flota por falta de repuestos y por costos operativos crecientes.
  • Empresas que advierten que el sistema es “inviable” sin subsidios.
  • Usuarios que esperan entre 30 y 45 minutos un colectivo.
  • Falta de controles sobre taxis y remises que cumplen cada vez menos requisitos formales.

En ese contexto, Uber y otras plataformas ocuparon silenciosamente los espacios que dejó el sistema tradicional. Ya no solo cubren horarios nocturnos o zonas periféricas: han tomado parte de la demanda central, especialmente en horas pico y en corredores donde el transporte público dejó de responder.

Este es el síntoma más claro de una desregulación por abandono: cuando el Estado pierde capacidad de sostener su propio servicio, el mercado encuentra los huecos.

 

La expansión de Uber: ¿modernización o victoria política?

En la ciudad de Santa Fe, Uber logró algo que ninguna empresa del transporte local pudo: combinar un fuerte respaldo social con una presencia operativa estable, aun sin un marco legal robusto.

Su victoria se expresa en tres planos:

1. Cultural:

Instaló la idea de que viajar debe ser simple, rápido y sin burocracia.
Frente a esto, los sistemas tradicionales se perciben viejos, lentos y poco confiables.

2. Operativo:

Funciona sin autorización plena, sin concesión y sin control real.
La ordenanza que debía frenarla terminó normalizando su presencia.

3. Político:

Uber se impuso pese a la resistencia inicial.

La ciudad intentó regularla y no pudo.

Esa incapacidad regulatoria legitima —por omisión— la expansión de la plataforma.

 

Un modelo público en crisis estructural

La caída del transporte público santafesino no es un fenómeno aislado.
Obedece a un modelo que hoy está en tensión:

  • Tarifas crecientes que no reflejan mejoras de servicio.
  • Subsidio dependencia en retracción por decisión nacional.
  • Normas estrictas que solo cumplían taxis y remises, mientras las apps se mueven por fuera.
  • Choferes formales que pierden competitividad ante conductores de plataformas que ingresan sin barreras.
  • Pasajeros que migran a servicios no regulados ante el deterioro del servicio público tradicional.

 

La consecuencia es un círculo vicioso: menos usuarios → menos ingresos → menos frecuencias → más migración → más crisis.

 

El riesgo: un sistema fragmentado y desigual

Así las cosas, Santa Fe podría dirigirse hacia un sistema de movilidad segmentado y regresivo:

  • Usuarios de ingresos medios y altos eligen apps.
  • Sectores populares quedan cautivos del transporte público, que se vuelve más lento y caro. O eligen otras formas de movilidad.
  • Surgen servicios informales (combis, motos, tránsitos clandestinos).
  • El Estado pierde control del sistema general de movilidad, de la seguridad vial y del ordenamiento urbano.

En este escenario, cada ciudadano viaja “como puede”, no “como debe”.

 

Aunque el discurso público suele ubicar al gobierno nacional como el motor central de la desregulación, lo cierto es que en algunos sectores políticos de la argentina la realidad avanzó más rápido que la ideología. en materia de transporte urbano, varias administraciones locales terminaron —por acción u omisión— siendo más desreguladoras que el propio Milei: habilitaron por la vía de los hechos a las plataformas (o miraron para otro lado), dejaron caer los sistemas tradicionales, retiraron controles y permitieron que el mercado impusiera sus reglas sin planificación ni resguardo social. la consecuencia es paradójica: mientras el gobierno promueve una desregulación explícita, numerosos municipios ya habían ejecutado una desregulación silenciosa y mucho más profunda, empujados por la incapacidad de sostener sus propios servicios públicos.

 

Conclusión: una disputa que define el futuro de la ciudad

El avance de Uber en Santa Fe no es solamente una tendencia tecnológica: es el síntoma de la pérdida de gobernanza del Estado sobre la movilidad urbana.

Para algunos vecinos, Uber representa modernidad y libertad de elección.
Para otros, es la evidencia de que el transporte público se está desmoronando ante la pasividad estatal.

Lo que está claro es que el futuro del transporte en Santa Fe no se definirá en aplicaciones ni en oficinas: se definirá en la capacidad del Estado para recuperar el control, garantizar equidad y proteger el carácter público del sistema de movilidad.

Un nuevo capítulo: Uber Shuttle anuncia su desembarco en la Argentina

Como si el escenario no fuera ya lo suficientemente desafiante, en los últimos días surgió un dato que encendió nuevas alarmas: Uber anunció la llegada de Uber Shuttle, su sistema de transporte por rutas fijas y unidades de mayor capacidad —una especie de “colectivo por aplicación”— que ya opera en otros países.

Aunque la compañía aún no confirmó fechas ni ciudades, especialistas señalan que su eventual desembarco en el país podría profundizar la presión sobre los sistemas de colectivos urbanos, especialmente en ciudades donde el transporte público atraviesa una crisis estructural, como en Santa Fe.

La discusión deja de ser hipotética: la disputa por el futuro de la movilidad ya está en marcha. Y Santa Fe deberá decidir si observa desde la tribuna… o si vuelve a tomar el control de su propio sistema.

 



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