​¿Más y mejores empresarios? El transporte público en Santa Fe sigue en crisis






La pregunta circula en las paradas, en los grupos de WhatsApp y en cada red social donde un santafesino vuelca su bronca: ¿el problema es solo la falta de plata o falta capacidad de gestión? Mientras las cámaras empresariales insisten en que los números no cierran, vos te encontrás con un servicio que retrocede casilleros y una calidad que no se condice con los últimos aumentos.
​El escenario técnico es innegable: el recorte de subsidios nacionales y el aumento del gasoil golpean fuerte. Sin embargo, la respuesta de las empresas locales, parece ser siempre la misma: reducir frecuencias. Hoy, te toca esperar el bondi con una oferta de coches que bajó hasta un 40% en algunas líneas. Esta medida, presentada como una "necesidad de supervivencia", es vista por muchos como una falta de pericia para optimizar recursos o, peor aún, como una falta de compromiso con el servicio público que tienen concesionado.

​Cuando se habla de "más y mejores empresarios", el debate toca el punto del monopolio. En Santa Fe, la sensación de que las empresas operan sin competencia real es total. Esto genera un sistema viciado donde, ante cualquier desfasaje económico, el ajuste no pasa por la eficiencia operativa, sino por dejarte a vos más tiempo en la vereda. El reciente aumento del 30,57% en el boleto interurbano —que se queda corto frente al 40% que pedían las cámaras— es la excusa perfecta para profundizar los recortes nocturnos y en horarios pico.

​Para el usuario, la "tormenta perfecta" que describen los directivos de empresas suena a disco rayado. Lo que vos percibís es que, aunque el aporte estatal disminuyó, la recaudación por boleto subió y las unidades siguen siendo las mismas, con un mantenimiento que deja mucho que desear. No se ve una reinversión genuina ni un plan de contingencia que no implique sacarte colectivos de la calle.
​¿Qué implica esto para tu movilidad diaria? Que el transporte dejó de ser una solución para ser un problema de logística personal. Si no sabés si el colectivo va a pasar, terminás buscando alternativas que desfinancian aún más el sistema. Esta crisis de confianza es el núcleo del problema: sin empresarios que apuesten a ganar pasajeros mediante un mejor servicio, y no solo a pedir más subsidios, el transporte público está condenado a un achique perpetuo.

La discusión ya no es solo cuánto debe costar el boleto, sino qué tipo de empresas necesitamos para que el sistema funcione de una vez por todas.

​Con este panorama, donde el servicio parece siempre ir un paso atrás de tus necesidades, ¿creés que una mayor competencia entre empresas ayudaría a mejorar las frecuencias o el problema es puramente económico?

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