La gestión de la Hidrovía Paraná-Paraguay entra en una etapa de definiciones logísticas.


 La Hidrovía Paraná-Paraguay atraviesa hoy un momento de definiciones que impactan directamente en la economía de Santa Fe y en el flujo logístico de todo el país. Actualmente, la gestión de esta autopista fluvial —por donde sale aproximadamente el 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas— se encuentra bajo la órbita estatal a través de la Administración General de Puertos (AGP), mientras se termina de diseñar el pliego para una nueva licitación internacional que devuelva la operación al sector privado. La importancia de la Vía Navegable Troncal radica en su impacto directo sobre el movimiento económico de las ciudades portuarias y el sector productivo. Se trata de una arteria vital para que los buques de gran calado operen en los puertos del Gran Rosario; una gestión eficiente de este tramo garantiza que los costos logísticos se mantengan estables. Cuando el sistema funciona correctamente, se evita el encarecimiento de los productos y se asegura la fluidez en el ingreso de divisas, factores que terminan repercutiendo en la economía cotidiana de cualquier habitante del país.

Desde la finalización de la concesión de largo plazo en 2021, el Estado asumió el control del cobro de peajes y la contratación de las tareas de mantenimiento, pero el objetivo planteado para este 2026 es avanzar hacia un modelo de concesión a riesgo. En este esquema, una empresa o consorcio privado se hace cargo de las obras a cambio de la explotación comercial, sin que el Estado deba financiar los trabajos de manera directa. Uno de los puntos de mayor fricción en las mesas técnicas es el valor de la tarifa del peaje. Los sectores exportadores sostienen que cualquier ajuste en los costos debe estar justificado por obras de profundización que lleven el calado actual de los 34 pies a niveles superiores, como los 36 o 40 pies en tramos estratégicos. Una mayor profundidad permite que los barcos carguen más mercadería, optimizando cada viaje y reduciendo el riesgo de varaduras que bloquean el tránsito fluvial.

La Hidrovía Paraná-Paraguay requiere de tareas fundamentales como el dragado, que consiste en la limpieza del fondo del río para remover sedimentos, y el balizamiento, que es la señalización técnica indispensable para la navegación nocturna segura. La falta de previsibilidad en estos trabajos afecta la logística diaria de una forma muy tangible. Cuando ocurre una bajante extrema del río y las dragas no operan a tiempo, los buques deben salir con menos carga. Esto genera un efecto dominó que satura las rutas terrestres, ya que se necesitan más camiones para transportar la misma cantidad de granos hacia los terminales, aumentando el desgaste del asfalto en los accesos viales y elevando los riesgos de siniestros viales en la región.

El desafío para lo que resta del año radica en equilibrar la soberanía de control con la eficiencia operativa. El Gobierno nacional manifestó su intención de modernizar los sistemas de monitoreo mediante tecnología remota, lo que permitiría un seguimiento en tiempo real de la navegación. A nivel regional, las discusiones por el peaje en el tramo norte con Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay también demandan una resolución técnica que no entorpezca el comercio. La situación de este corredor es, en definitiva, un termómetro de la infraestructura argentina. Si la licitación se demora o las condiciones de mantenimiento no son óptimas, la competitividad de las economías regionales se resiente. Lograr un sistema ágil y transparente resulta fundamental para que el movimiento de cargas sea un motor de crecimiento y no un obstáculo. Ante este panorama de transición, cabe preguntarse si la licitación privada logrará garantizar las obras de infraestructura que el sistema productivo reclama desde hace años.

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